Bobby era un perrito Terrier propiedad de un policía llamado
John Gray. Durante dos años fueron inseparables hasta que el dueño murió de
tuberculosis. Fue enterrado en el cementerio Greyfriars en la Old Town de
Edimburgo y la historia cuenta que Bobby pasó sus 14 años de vida posteriores a
la muerte de su amo viviendo al lado de su tumba.